Mi Fracaso

25-10-2013

¿Esta vez como empiezo la historia?

Tengo la sensación, necesidad, de tener que explicar, descargar, algo de lo que me pasa por la cabeza, pero no acierto muy bien a aclararme yo mismo y eso cierra las puertas hacia una fluidez descriptiva…

Quizás todo venga dado por el hastío que desde hace tres años empezó a crecer dentro de mí al verme rodeado de injusticias en todos los ámbitos que me rodean y este planeta que no mengua en su velocidad hacia la impersonalicacion y el desastre.

Parece que toda la impotencia que germinó en mí ser en aquellos sucesos que acabaron con la rotura de mi relación laboral de siete años no desapareció, como yo creí, tras la firma de mi liberación hace ya dos años, sino que aquello solo fue un oasis en el desierto hasta alcanzar este punto en el que ahora me encuentro.

¿Sabes una cosa? No me gusta la vida como está ahora concebida. No consigo adaptarme a las normas del juego que rigen este mundo egoísta, mentiroso y superficial. Me siento un genio fracasado con la cabeza llena de soluciones pero ahogado por su incompetencia a la hora de tan siquiera poder expresarlas. Sobre todo me aplasta el peso de las responsabilidades a las que hacer frente y de las que siempre huí. Cada día que pasa me embarga más el significado de una palabra que nunca había utilizado y que ahora se manifiesta con todo su peso… fracaso.

No me gusta abrir los ojos. Cerrarlos tampoco sirve de nada. Los refugios que antes utilizaba cuando la realidad me exasperaba son ahora ruinas que gritan esa maldita palabra que antes no conocía.

La percepción de mi pasado se ha derrumbado y los tintes brillantes que antes me iluminaban al evocar pasajes del recuerdo son ahora jirones de oscuridad y asfixia. Ahora cada anécdota que añoro se viste con las letras de la palabra “familiar” cuando antes eran vítores a lo excepcional de mi vida.

Todo se ha vuelto oscuro dentro de mi cabeza. Las virtudes que antes pensé que me adornaban, o adornaron en algún momento, han desaparecido y su recuerdo se ha convertido en una rémora de lo que en realidad fui en alguna ocasión. Ese es otro problema. Me ahogo en una bañera de piezas de la armadura que formo el personaje indestructible que fui en alguna ocasión.

No encuentro solución… Estoy empezando a arrepentirme de decisiones pasadas cosa que nunca había hecho. Revolotea por mi cabeza el “y si” abriendo puertas a las más terribles dudas en lo más débil de mi cerebro pudriendo desde dentro las partes más duras de la muralla levantada a su alrededor. No sé qué hacer. Pienso en si alguno de mis doce mil setecientos setenta y cinco días ha merecido la pena. Por cada sonrisa robada, por cada alegría dada, por cada satisfacción conseguida… ¿cuantas lágrimas, tristezas y preocupaciones he regalado? ¿En serio he merecido la pena a alguien? No estoy seguro. Dudo incluso que haya merecido la pena para mí. ¿Cuántos giros de cabeza he necesitado siempre para saborear un solo instante, en el mejor de los casos, de aparente calma dentro de la marejada de ideas constante de mi cerebro? ¿Por qué he sido siempre tan complicado? ¿Por qué no he podido disfrutar nunca de la pequeña victoria en una batalla pensando siempre en la gran victoria de la guerra que nunca llega?

Grandes preguntas con sencilla respuesta…

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