El final del verano…

27-8-2018

Este lunes del año siempre resulta de un sabor agridulce…

Otro año más se pierden en el transcurso de agosto las fiestas de Cimanes y aunque iguales en cuanto a risas en compañía esta vez siento una presión en el pecho distinta a la de otras veces.

Yo no soy el mismo.

Ya no es igual.

Y ahora llego a la cama con más lucidez que en otras ocasiones y la colonia de «mi monito» lo impregna todo…

El lunes después de las fiestas de Cimanes marca, en mi memoria histórica, el final de mi verano y el comienzo del largo invierno leones…

Es curioso que después de todos los calendarios que he ido arrojando al fuego del tiempo aun siga guardando en mi archivo de sensaciones el recuerdo grabado de los horarios estudiantiles y hoy de nuevo sienta la inquietud por comenzar una especie de nuevo curso en mi vida…

Así recuerdo yo las fiestas de mi pueblo. Mezcla de diversión y aburrimiento, alegría y tristeza, dulce y amargo… aunque siempre disfrutando de ellas con sus matices singulares anuales.

Este año ha sido extraño… Un poco solitario, deslavazado y raro… Divertido, sí, pero asfixiante por momentos… 

La coincidencia en espacio-tiempo de la celebración de San Bartolo en la era del pueblo con la fecha que inauguró la época más larga e importante de mi vida hizo zozobrar mi salud mental y a capotazos fui saltando las vallas que mi ansiedad me levantaba a base de reírme con mi primo y sorbos de cerveza gallega…

Al final no fue tan mal. El balance de más risas que cerveza me enorgullece especialmente este año en que mi temida soledad me había abrazado con más fuerza que nunca últimamente sin el abrigo de «mis caballeros»  y la falta de aire fulminó mis pulmones al llegar a mi casa y todos mis castillos de planes construidos en mi cabeza se derrumbaron arrastrando mi equilibrio en su desplome.

Aun así, ojala todo el mérito fuera mío y poder gritar que yo solo había vencido las hordas de demonios que querían amargarme y darle un poco de respiro a mi ego maltratado, mi brigada de emergencia en la sombra estaba ahí para apoyarme y darme esa palmada que necesitaba ofreciéndome su hombro y la alegría de su ejército de risas. Ese «te quedas» de mi prima y la compañía de mi primo, careciendo de mayor importancia para ellos, mató una noche de orgía con mis tres compañeras más fieles y toxicas acallando sus voces y aplazando un poco más el encuentro con ellas.

El terrible dolor remitió un poco y las voces de la locura aunque con visitas transitorias se deshacían con el paso de las canciones…

Pues otro veinticuatro de agosto que pasa y aquí sigo para contarlo con más o menos fortuna.

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